Porque
“a nadie le amarga un dulce”

Repostería industrial y salud

Lo que conviene saber (sin rodeos)

   La repostería industrial está en todas partes: supermercados, máquinas expendedoras, cafeterías y, ante todo, en casa… Es práctica, económica y, seamos honestos, suele estar muy rica, sobre todo para los más jóvenes, aunque, en ocasiones, puede generarte muchas dudas: ¿qué lleva realmente?, ¿cómo afecta a nuestra salud?, ¿hay formas de consumirla con cabeza?

Vamos al grano.

¿Qué es exactamente la repostería industrial? 

   Hablamos de productos como bollos, tartas variadas, donuts, magdalenas envasadas, galletas, bizcochos, etc., fabricados a gran escala con un objetivo muy claro: durar mucho tiempo, mantener sabor y textura, y ser económicos. Además se reproducen como setas, son miles de marcas.

¿Qué hacen para lograrlo?

   Incluir azúcares añadidos en grandes cantidades, grasas refinadas (a menudo de baja calidad), aditivos (conservantes, emulsionantes y colorantes) y harinas refinadas de baja calidad.  Nada de esto es “veneno” en sí mismo. El problema suele ser el resultado de dos factores: la combinación de consumo de estos productos y la frecuencia con la que se consumen.

¿Y por qué nos gustan tanto?

   Aquí entra el factor emocional. Estos productos están diseñados para ser muy apetecibles, cuidando el envasado y el aspecto exterior. Suelen tener una textura suave y sabores intensos. Combinan azúcares refinados y grasas saturadas, lo que, en definitiva, activa el sistema de recompensa de nuestro cerebro, llegando a crear incluso adicción. No es tu falta de voluntad, no, simplemente es que estás consumiendo un producto pensado y elaborado para no saciarte y para que quieras repetir.

El impacto en la salud:

   Consumida de forma habitual, la repostería industrial puede influir en varios aspectos:

  • Picos de azúcar en sangre: el alto contenido en azúcares simples provoca subidas rápidas de glucosa, seguidas de bajones.  ¿Cuál es el resultado? Hambre al poco tiempo y más ganas de dulce.
  • Aumento de peso: Al tratarse de productos muy altos en calorías pero poco saciantes, es fácil comer más de la cuenta sin darte cuenta y eso, al final, son kilos de más.
  • Riesgo cardiovascular: ya que contienen muchas grasas poco saludables (grasas trans, aceites vegetales refinados de baja calidad, grasas saturadas en exceso y margarinas industriales). Consumir frecuentemente o de forma abusiva estos productos puede afectar al colesterol y a la salud del corazón.
  • Están muy relacionados con hábitos poco saludables: pues suelen desplazar o sustituir alimentos más nutritivos como fruta, frutos secos o pan integral.

¿Significa esto que hay que eliminarlos?

   No necesariamente. El problema no es que te comas un bollo de vez en cuando, sino convertirlo en rutina diaria.

   Si somos realistas, un consumo ocasional, no diario, y preferiblemente después de una comida (nunca en ayunas) difícilmente va a ser perjudicial (salvo para personas con intolerancias), sobre todo si intentas evitar que sustituyan alimentos nutritivos y saludables.

Cómo tomar mejores decisiones

   Sin volverte obsesivo, que tampoco es bueno ni saludable, puedes llegar a generar hábitos que te ayudarán a mejorar:

  • Leer las etiquetas. Si el azúcar aparece entre los primeros ingredientes, ya sabes por dónde van los tiros y, siempre que puedas, procura elegir las versiones más simples, pues menos ingredientes suele ser mejor señal de calidad.
  • Reducir poco a poco su consumo, sin prisas pero sin pausas. No hace falta eliminar todo de golpe. Cambiar progresivamente un hábito va a marcar las diferencias en un futuro.
  • Alternativas caseras. La repostería en casa permite controlar ingredientes: menos azúcar, mejores grasas, harinas más completas, aunque tiene como contrapartida la dificultad y el tiempo de elaboración.
  • Ajustarse a un presupuesto y comprar productos en obradores artesanales; aunque los precios suelen algo más elevados, (no tanto como creemos), los productos se elaboran con ingredientes de primera calidad y son más naturales y saludables.

En resumen

 La repostería industrial no es el enemigo número uno en sí misma, aunque un consumo diario o excesivo terminará ocasionando problemas de salud. Consumida de forma puntual no supone un problema; el riesgo aparece cuando se convierte en hábito.

   La clave, por tanto, está en el equilibrio, la información y en saber tomar decisiones conscientes sin caer en extremos o dejarnos llevar por el mito de sobrecoste excesivo de los productos artesanales. Haz la prueba, el principal beneficiado serás tú.

David A. Vázquez

Para saber un poco más… referencias utilizadas:

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